Estrella

No se sabe muy bien cómo fue. Pero una tarde de un domingo tan domingo, donde el gris invadía la ciudad y parecía que había echado al resto de los colores para que todo fuera más triste, una estrella apareció en su habitación mientras ella dormía. Algunos creen que fue el viento. Otros, que un avión que volaba hacia un país desconocido cortó el hilo del que colgaba con una de sus alas. Y los más locos aseguraban que cada millones de años, cuando el planeta madura, se sacude y deja que caigan sus estrellas como si fuesen manzanas. 

Por un segundo, todos los habitantes de la ciudad quedaron encandilados. Pero antes de ser descubierta, la estrella voló hasta llegar a la ventana de la habitación de la chica. Dicen que era la estrella más grande de todo el universo. Por eso nadie entiende cómo entró en su habitación que estaba llena de muñecas y ropa y peluches y zapatos y almohadones grandes y almohadones más chiquitos y sueños y crayones y pinceles y un montón de cosas que no sabía si le gustaban, pero que las guardaba por si un día le llegaban a gustar. Lo primero que hizo cuando la vió al lado de su cama, fue mirarse al espejo y descubrir la sonrisa más grande que alguna vez su boca había dibujado. Enseguida corrió a cerrar la puerta para que nadie supiera lo que había en su habitación. Era su tesoro. Pensó que podía estar soñando, entonces por las dudas ni se pellizcó. La estrella era de colores y si la tocaba se le hundía un poco el dedo. No veía la hora de ir al otro día al colegio y contarle a sus compañeritas. Se quedó contemplándola durante toda la tarde hasta que finalmente se durmió. 

Cuando se despertó al otro día, la estrella ya no estaba. La buscó desesperada por toda su habitación, hasta que se dio cuenta que por su tamaño tendría que verla a simple vista. Lloró como tiene que llorar una chica que pierde una estrella. Iba a preguntarle a su mamá y a sus hermanos, pero tenía miedo de que se burlaran. Durante varias noches miró al cielo desde su ventana a ver si la encontraba, pero eran todas iguales. Hasta pensó en ir a un astrólogo, pero con las monedas que habría en su alcancía no le iba a alcanzar para pagarlo. 

Jamás le contó a nadie lo que pasó ese domingo por la tarde. Pero desde ese día, para ella los domingos ya no son tan tristes si piensa en estrellas. 

Dicen que cada vez que alguien lea esta historia, va hacer que la estrella se aparezca otra vez en la habitación de la chica. Para que ella la pueda seguir. Para que ella pueda ser feliz.

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