Desastre literal

Primero fue un aire caliente seguido por dos gotas locas. La mandarufa vino después, y la gente empezó a correr desesperada en busca de un refugio. Los edificios se agarraron de las manos para evitar un dominó de rascacielos. Las flores se resignaron y le regalaron sus pétalos al viento. La mugre daba vueltas formando tribuletas que chupaban a la gente. Los peinados se despeinaron. Los autos se desestacionaron. 
A los techos se le erizaron las tejas y los besos nunca llegaron a destino. Las palomas desarmaron sus nidos y se mandaron a mudar. La ciudad había quedado destrozada, como cada vez que a un camango antológico se le ocurre jugar al trompo con la tierra.

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