Equis i griega zeta

“Escribir no es más que una excusa para decir cosas.”

Agarró el planeta con la mano, lo alejó un poquito para mirarlo bien y se dio cuenta de que en el mundo lo que andaban sobrando eran guerras. 

Se puso a pensar que ya llegamos al siglo veintiuno, sin contar todos los antesdecristo, y todavía hay países que basan su economía en el trueque, cambiando litros de petróleo por barriles de sangre. Que algunos todavía invierten plata en guerras por el oro, mientras la paz está cada vez más oxidada. Se indignó con los que creen que el agua nunca se va a acabar, porque pueden llenar océanos con lágrimas. 

Las empezó a contar y las guerras eran tantas que pudo conjugarlas: yo guerreo, tu guerreas, el guerrea y aunque no queramos, nosotros guerreamos. 
En tiempos en que si uno no se desarma se desalma, proponer la paz era algo estúpido, pensó. Si la gente quiere guerras, hay que darle una nueva guerra. Pero tiene que ser una que nadie luchó hasta ahora. Una que no sangre. Que se escriba con el cuerpo, para después ser parte de los libros de historia que todavía no salieron. Una guerra de todos contra nadie. Para eso, la lucha tiene que ser por algo que realmente valga la pena, sin que valga un centavo. Se trata de defender a muerte el último recurso no renovable que queda en el mundo: el abecedario. 

Se imaginaba a todos los países del mundo levantándose en armas, dejando la vida por esas veintisiete letras. Ejércitos de hombres y mujeres, sin distinción de color ni tinta, sacándole punta a los lápices. Soñaba con jóvenes empuñando lapiceras. Con abuelas dibujando banderas a mano alzada. Batallones interminables de chicos armados con crayones, luchando por el honor de los que alguna vez escribieron una poesía o una canción de amor. Todos dejando la vida por hache o por be, atrincherándose atrás de algún teclado. Había que invalidar los telegramas de renuncia, para que nadie se rindiera durante el enfrentamiento. De ser necesario, había que tatuarse las letras para entender la importancia de cada una de ellas. Desde la primera hasta equis i griega zeta. Era la única manera de que se dieran cuenta de que es más doloroso ser analfabeto que desangrarse. De que sin la eme se acaba el amor en el mundo y así me hundo. Que si te quiero tanto y vos me querés tanto, no podríamos sobrevivir sin la te. Y mucho menos permitir que nos separen en sílabas. 

Ojalá no llegue el día en que haya que pagar para escribir. Que no tengamos que usar el tesoro nacional para subsidiar palabras. Que los gobiernos no tengan que hacer campañas solidarias para ayudar a las poblaciones desnutridas de letras, mientras que algunos siguen dejando hojas en blanco.

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