Regimiento gramatical

Antes algunos andaban alegres, ajenos a bestialidades bajo barrotes bermellón, casi como cerdos capaces de destronar dioses de distintas dinastías. Difícil es estar en el éter entre estos estúpidos encolumnados felizmente. Fuimos, finalmente, fuertes falsificadores. Faltaron filósofos grandiosos, gitanos gladiadores, gobiernos genéticamente gloriosos. Ganamos ganancias gigantescas hasta hacer honorables horrores ilegales. Idiotas izquierdistas imitando imposibles ideales, jamás juramentamos jerarquizarnos. Juntábamos jazmines, jacarandas; jamás jilgueros kosovares. Kilométricas lágrimas limpiaron lastimaduras lejanas. Licenciados lagañosos llegaron llorando mientras muchas mujeres miraban morir marionetas musicales. Mañana negaremos narcotraficantes nacidos narigones. Ñoquis ñañosos. Ñiños obesos observados objetivamente, obedecen o pueden perecer por pedido popular. ¿Pero quién quiere que queden recuerdos? Reír respetuosamente recuerda religiones; resta rendición. Rockeros soberanos, supuestamente socialistas, salen sermoneando terribles temores. Todos tenemos tiempo Tokio. Taiwán también tiene universidades. Únicamente usted usurpa utopías ubicadas victoriosamente. Vacaciones veraniegas, vacas vergonzosas vistiendo viejos workaholics xenófobos y yo zigzagueando zapateo.

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