Un día en la vida de Gandolfo

Como todos los días el viejo Gandolfo se levanta, pone el agua para un té y mientras bosteza por tercera vez, empieza a guardar una por una cada estrella del cielo en su lugar. Es algo que hace casi de memoria, aunque hay veces que está tan dormido que mete alguna en la constelación equivocada. Una vez que termina y con una habilidad matemática, agarra el sol con un guante para no quemarse y lo amanece exactamente por el mismo lugar del horizonte de cada mañana. Luego junta unas cuantas páginas en blanco y las mete en unos gigantes fuentones llenos de tinta negra para que se tiñan de noticias y lleguen fresquitos a los puestos de diarios. Después da la orden a los locutores para que se asomen por las radios para hablarnos al oído. Mientras da vuelta las tostadas para que no se le quemen, saca los balcones de los edificios como si fueran cajones que salen a saludar al sol. Lo más difícil llega cuando tiene que decidir con qué vestir al día. Entonces para complacer a todos, le agrega un poco de calor, una pizca de viento y apenas unas gotitas de lluvia. De postre, arco iris.
Finalmente da un chasquido seco que hace despertar a todos al mismo tiempo y como si el planeta fuera un trompo, lo hace girar un poco para que arranque. Ahora sí, ya está listo para sentarse a disfrutar de su desayuno mientras otro día empieza de nuevo para todos nosotros.

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Un pensamiento en “Un día en la vida de Gandolfo

  1. Cats dice:

    Que envidiable despertar el de Gandolfo!!!

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